Cadáver exquisito

Por Onio - 30 de Enero, 2007, 20:16, Categoría: General

Antonio

Como casi todas las mañanas, el ruido de las cañerías de la aseada vecina del primero lo fue sacando del profundo sueño. La irrupción en la realidad era un asunto serio y nada predecible. Salvo su hora, eso sí. De forma absolutamente precisa, como si de un estudio de perseverancia humana se tratara, el ruido que hacía chocar los huesesillos mugrientos de nuestro antihéroe nacían a la misma hora: las 7 y 39 de la madrugada. La vecinita tenía ya más de 47 primaveras, pero todavía no había descubierto que lo suyo no tenía solución, y como si procediese de una larga estirpe de lores y mileidis, tenía un horario de lavado, desengrase y puesta en desapunto que rompía, por su perfección, toda su larga lista de imperfecciones, físicas y metafísicas. Ni un gato se podría desplazar con más sigilo pero las cañerías no pertenecían a ninguna saga ilustre y todas las precauciones de la vecina del primero terminaban de la misma manera cada día. Doce minutos de silencio prefabricado se rompían con el gutural choque del agua sucia descendiendo por las tuberías de plomo y los borbotones de agua encerrada escapando como alma que llama el diablo hacia arriba. La hora era fija, el ruido idéntico cada día, pero el improperio salvaje de nuestro protagonista hacia su vecinona venía constituyendo el diccionario más extenso de insultos que hasta ahora se haya podido oír.

Juanfran

No obstante, y a pesar de estar muy cansado y haberse levantado, como cada día de su vida a las 5:30 de la mañana en punto, decidió intentar de nuevo dormirse, para no caer en la tentación que hace unos meses le llevó con los huesos a la cárcel. Así que cerró la ventana de su dormitorio, echó las sucias  cortinas que alguna vez estuvieron limpias y se dirigió lentamente hacia su cama tarareando su canción favorita.

José Antonio

Al sentarse en el borde de la cama, y descalzarse su andrajoso zapato oscuro, escuchó un pequeño grito procedente de la calle, al que no dio ninguna importancia. Colocó su pistola, como siempre, debajo de la almohada, se desnudó por completo, se sacó la pierna ortopédica y la puso sobre la vieja silla de anea; cogió el antifaz del primer cajón de la mesita de noche, se lo anudó y apagó la triste bombilla que alumbraba la habitación. Nada más apagar, volvió a escuchar gritos, pero esta vez eran aún más sonoros, que se mezclaban con la sirena de un coche de bomberos. Se quitó el antifaz y se colocó como pudo su pierna, en la oscuridad de la habitación. Cogió la pistola, la cual siempre llevaba cargada y se asomó a la ventana, corriendo con dos dedos muy levemente la cortina, para ver si veía a  alguien.

José Manuel

Estaba cansado y confuso. Hacia ya un rato que soportaba milagrosamente las ganas de encender un cigarrillo. No venia nadie y no paraba de llover. Por más que lo miraba, el teléfono de la oficina tampoco sonaba, lo cual en cierta forma era un buen presagio.

Empezó a imaginarse quien habría al otro lado de la pared que le sostenía; que pasaría si llegaba el amanecer y nadie aparecía en su ayuda.

Un coche cruzaba la avenida y parecía detenerse cerca de la puerta del local. Nadie bajó del coche que al momento reanudó la marcha. Ahora un ejército de perros ladraba sin parar.

Isa

Aquellos ladridos en la distancia me trajeron a la memoria el recuerdo de otra noche oscura. En aquella ocasión corría un viento frío que quemaba mi cara y me cantaba tu nombre al oído. Me fui a casa en medio de la desesperación por no encontrarte. Cuando yo creía que pasaría en vano otro día, te vi aparecer. Nos cruzamos en el portal,  aunque una vez más, no me atreví a dirigirte la palabra. Una sensación de derrota inundaba mi alma convencido de que nunca saldría airoso de un encuentro contigo. ¿De qué sirvió haberte encontrado? Ahora me encontraba de nuevo persiguiéndote, allí, delante de la puerta del local, impregnado de ti, esperando confiado.

Enrique

Cuando de repente apareció una ambulancia y me temí lo peor, al ver como salías en camilla del local se desvanecieron todas mis esperanzas de verte de nuevo con vida…. Ahora me encuentro dando una de tantas vueltas por este patio lamentándome no haber tenido una coartada mejor y pensando si algún día la justicia pondrá a cada uno en su sitio. No dejo de pensar qué opinión tendrá de mí la gente que no sabe la verdad, toda esa gente que se deja llevar por lo que le dicen y si algún día tendré la opción de contarles lo que verdaderamente ocurrió. Me gustaría que no me abandonaran las esperanzas al menos hasta que no se de por concluido el caso…. seguramente inconscientemente me de igual, puesto que independientemente de lo que ocurra nada hará que vuelvas.

Esta mañana he tenido una visita de la abogada, lástima que no pueda invitarla a un café…, y las noticias no son muy esperanzadoras, parece que nadie la vio con otro hombre que no fuese yo en sus últimos momentos. Por lo que me temo que me voy a pasar una larga temporada entre rejas con la única compañía de tus recuerdos.

Manolo

Gloria guardó en el bolsillo de su gabardina la nota que Julio había dejado en la mesilla, junto al  teléfono. Enseguida comprendió que Julio había descubierto todo el asunto al ver la última carta de Ramírez tirada en el suelo. Ramírez era un hombre sin escrúpulos que pretendía sacar la última gran tajada a la ahora famosa actriz, Gloria Segura, a costa de un turbulento asunto que pondría fin a su carrera. Gloria abandonó el apartamento a

Toda prisa. Subió al coche camino del lugar donde había quedado un par de horas antes con Ramírez. Un escalofrío le recorría el cuerpo al pensar que Julio fuera capaz de cometer la mayor estupidez de su vida. Ella sabía perfectamente que Ramírez ya no sería más un obstáculo en su vida pero de pronto le vino a la cabeza un pequeño detalle del que no se había percatado hasta este momento. Aquel hombre, el de la cabina, qué estúpida cómo no puede darme cuenta. Era Julio disfrazado de vagabundo.

Sentía que se helaba cada segundo que pasa cruzando la ciudad, hasta que por fin llegó al oscuro y solitario callejón. Dos coches de policía estaban parados delante del cuerpo de Ramírez, dos agentes llevaban esposados a Julio. Entonces Gloria corriendo se acercó a uno de los policías. Sacó la nota del bolsillo de su gabardina, se la entregó al agente y mostrándole la otra mano, ensangrentada, le dijo yo maté a ese hombre.

 Ángel

El agente tomo con fuerza la nota mientras lágrimas de rabia e impotencia se deslizaban por su gélida cara, al volver el rostro del cadáver que yacía bajo aquellas bolsas de basura.

 Rafael

Abrió su coche, se sentó un rato, cogió la radio, titubeo unos instantes antes de apretar el botón, tragó saliva y comenzó:

…. Señor, señor, aquí el agente 2876, señor, estás ahí?

…. Adelante 2876, dime, que ocurre …

…. Señor, ha muerto, ha muerto, lo siento señor, no lo pude evitar, dios, no lo pude evita ….

…. Que ocurre, que pasa, que sucede, dime, que ocurre, agente, por favor, que ocurre …

…. Señor, ha muerto ….

…. Quién, quién ha muerto, dime …

…. Catherine señor, Catherine, Catherine …

Su espalda era un reguero de hormigas, sus ojos, ríos de lavas incandescentes. Cada vez, apretaba con más fuerzas sus labios…

…. Señor, lo siento, de verdad, él fue más rápido que yo.

En la comisaría, se hizo un agónico silencio sepulcral. Cada agente que in situ trabaja, el ritmo de sus corazones, parecían ser devorados por jaurías de perros hambrientos.

En esos momentos, en ese precioso instante, su razón no dialogaba con el corazón, cogió su revolver, y se fue directamente al club, pues sabía que él, iba a estar allí.

Francis

Fue abriéndose paso, cruzando calles, plazas, calles oscuras habitadas por figuras que lo ignoraron al aproximarse y al alejarse. El Club, que en el pasado era conocido como La Piel de Sara, quedaba ahora solo a un par de manzanas pero, casi sin darse cuenta, fue aminorando el paso, recorriendo lentamente el camino que lo separaba de el. Poco a poco, la gente que pasaba cerca o caminaba a su lado, se fue desvaneciendo del mismo modo que lo hicieron los sonidos. En el espacio infinito de su mente, no había ya lugar para los pensamientos, para diálogos internos, incluso se habían cerrado las puertas de entrada a cualquier tipo de sensación física. Físicamente, caminaba, revolver en mano, solo con un objetivo. Ya no esperaba nada, no era nada. Desde la elevada bóveda de su mente, comenzó entonces a surgir, más bella que nada de lo que hubiera sido capaz de crear nunca. Era música.

José Alberto

Por resorte giró la cabeza, buscando entre los aplausos, de dónde provenía…La música le recordaba algo, ¿qué era? Se preguntaba…como un zombie, llevó la punta de sus dedos hacia el suelo, hasta tocarse el final del pantalón, tiró el revólver, agarró el dobladillo y tiró con todas sus fuerzas hacia arriba, desgarrando el disfraz azul de operario que vestía y dejando al descubierto no sólo sus "secretos más ocultos" sino también un cuerpo musculado y encerado como una tabla de surf, solamente decorado con tiras de tela a modo de taparrabos.

Sus piernas empezaron a moverse, al principio eran temblores por el frío que hacía en medio de aquella plaza helada y poco a poco esas sacudidas encontraron el ritmo de la canción. Subió los brazos y los movía de arriba a abajo…la gente que le observaba, incrédula desde el interior de los abrigos de piel que los cubría, no podían despegar los ojos de aquel personaje.

Su actuación había desviado del todo la atención. Ahora todos los flashes iluminaban su coreografía, en lugar de destacar el nuevo carruaje de la Reina, rematado en detalles dorados que palidecían ante el cuerpo destelleante de aquel maricón tan grande.

Los guardias reales, desconcertados por las órdenes que les gritaba el capitán y por la situación, se abalanzaron sobre el cuerpo desnudo de aquel bailarín improvisado. Se retorcía, como intentado escapar de un nido de serpientes uniformadas. Esto provocó que todo el mundo empezara a gritar.

Poco a poco los oficiales se Iban incorporando, a la vez que retiraban del suelo una manta que envolvía un bulto con forma de hombre, metiéndolo a golpes dentro de una furgoneta. Sin mediar ni un segundo el motor se encendió y el vehículo desapareció tras la esquina de la plaza.

El revuelo poco a poco se diluía entre la gente, los murmullos dejaron paso a la solemnidad de la pompa y circunstancia propias de la Casa, los grumos de gente se disolvían y todo llegó de nuevo como por arte de magia a la calma más absoluta.

La multitud congregada en la plaza retomó los aplausos al paso del carruaje real, pero sin cambiar de tema de conversación, ¿quién seria aquel personaje tan extraño?

A la mañana siguiente la prensa se encargaba de despejar dudas sobre el incidente que se produjo el día del cumpleaños de la Reina. Los kioscos de todo el país rebosaban de titulares, a cuál más llamativo, en uno de ellos se explicaba todos los detalles del incidente:

"El espía Boris Merejkowski es encarcelado por intento de asesinato de la Reina"

Todo el país quedo impactado e inmerso en una histeria colectiva. Saltaron todas las alarmas: bombas, ataques terroristas. Y como pasa siempre algunos humoristas ponían gotas de sensatez ante tanto desvarío. Se preguntaban en sus viñetas para qué querría el arma el asesino si con sólo el espectáculo hubiese bastado para desmayar a su Majestad.

Por otro lado la carnicera prensa amarilla, desolló la historia, se zambulló en aguas más turbulentas: el pasado de aquel extraño personaje. Estas pesquisas llevaron a los orígenes de un muchacho criado en la estepa siberiana, de la que adquirió su carácter tan extremo.

Nadie en realidad sabía su verdadera historia. De pequeño nunca destacó en nada, su hermano Igor recibí todas las medallas de hijo excelente, mientras él andaba siempre por el lado oscuro de la vida. Hasta que un día, un turista americano, como pago por ser su guía en la estepa, le regaló un radiocasete con el que machacaba una y otra vez las canciones de una cinta ya vieja y regrabada. Era la voz de Gloria o ¿era la voz de la gloria? …Encontró algo en lo que era bueno, el baile. El pequeño se hizo mayor y tras la muerte de sus padres, vendió su parte del ganado a su hermano y se mudó a la gran ciudad. Tras meses trabajando de camarero en un antro, empezó a buscar un trabajo mejor pagado. Una mañana mientras tomaba un café, leyó un anuncio del periódico que reclutaba personal para el SIC (Servicios de Inteligencia Central). Realizó las pruebas de selección y logró su primer sueldo. Aunque por las noches seguía trabajando eventualmente de camarero.

Cuando cada noche terminaba de trabajar, llegaba a casa encendía la vieja radio y bailaba hasta la madrugada delante del espejo, hasta que exhausto se arrastraba hasta el camastro, para descansar un poco antes ir a trabajar.

En el cuerpo de Servicio Secreto, empezó a ganarse el respeto de sus compañeros. Y cada vez le encomendaban misiones más importantes, hasta que un día, llegó su gran oportunidad: El Director le llamó a su oficina para hablar con él. Su cara al salir del despacho, era de incredulidad. Su nueva misión: destruir la cabeza de la monarquía del país capitalista que ahogaba su patria.

Desgraciadamente su inconsciente le jugó una mala pasada y cuando llegó el momento de convertirse en un héroe en su patria, se puso a bailar.

La noche que pasó en la celda se eternizaba, el miedo se masticaba en su celda y el sudor bañaba todo su cuerpo. Dentro, en su cabeza, no paraba de enlazar sin fin: recuerdos, deseos frustrados, anhelos…

Después de recapacitar sobre su vida, y convirtiéndose en su juez más severo, sentenció su vida, disoluta y sin sentido. Se sintió decepcionado consigo mismo y en un momento de lucidez extrema, más cercana a la locura, tomó su decisión final, quería poner fin a tanto desvarío. Ya su vida no tenía sentido.

Así que la mañana en la que le iban a conducir a la Corte de Justicia, el guardia de su celda, saco la llave de su bolsillo, la metió en la cerradura, la giró y empujó la puerta.

Sus ojos no distinguían bien lo que había en el techo de la celda. Abrió más la puerta y la luz de sol le descubrió el cuerpo de Boris, colgado, como cuelgan los exquisitos chorizos que le regalaba por Navidad su suegra, oriunda de Aracena por cierto.

Clavado en la entrada de la celda lo primero que se le ocurrió fue llamar por teléfono automáticamente al director de la cárcel. El cadáver fue almacenado en el depósito de la morgue. Días mas tarde, los mismos periódicos titulaban la noticia: "DE ASESINO A CHORIZO", comentario que hizo el guardia de su celda, cuando le preguntaron los periodistas. Nadie se acordaría más de Boris, ni con su muerte consiguió inmortalizar su nombre.

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