Paul Pillar presta
juramento antes de testificar en la comisión conjunta de Inteligencia
del Congreso de EE UU en octubre de 2002. (ASSOCIATED PRESS)
"Tanto con las armas
prohibidas como con los vínculos Sadam-Al Qaeda se repitió el mensaje
para ganar el apoyo del pueblo norteamericano"
"Una vez que el presidente
Bush decidió que esa era la opción elegida, su opción de atacar a Irak,
todo debía encajar en ese objetivo"
"La presentación de Powell
en la ONU fue el resultado de una prolongada presencia del secretario
de Estado en las oficinas de la CIA"
Si hay un alto funcionario de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) de Estados Unidos que conoció los entresijos de los servicios de
inteligencia en la guerra de Irak, ése hombre es Paul Pillar. Antiguo
oficial del Ejército norteamericano en Vietnam, Pillar trabajó durante
28 años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos.
Fue miembro y director adjunto, entre 1993 y 1999, del Centro
Contraterrorista, un organismo creado en 1986 dentro de la agencia bajo
el mando directo del director con el ojeto de dirigir, prevenir,
desarticular y derrotar a los terroristas con información de todos los
servicios de inteligencia del país y en colaboración con agencias
extranjeras. En el año 2000.fue nombrado funcionario de inteligencia
nacional a cargo de Oriente Próximo y Sur de Asia, donde llegó a ser el
principal analista de la CIA en contraterrorismo hasta su retiro, en
2005.
"La Administración de Bush lanzó una campaña organizada de
manipulación para justificar la decisión ya adoptada por razones
políticas de ir a la guerra de Irak. Ni las armas de destrucción masiva
ni los inexistentes vínculos entre Sadam Husein y Al Qaeda fueron los
motivos reales de la guerra", afirma Pillar, por cuyas manos pasaron
los principales informes secretos sobre Irak en su calidad de
coordinador de los trabajos.
Pillar no dudó tras conocer el atentado del 11-M en España. "Fue un
atentado clásico de la yihad islámica. Puedes encontrar los vínculos
circunstanciales que quieras entre grupos terroristas, pero no conozco
pruebas serias de cooperación entre ETA y Al Qaeda, como no las hubo
entre Sadam y Bin Laden". Pillar, profesor de estudios de seguridad en
la Georgetown University, concedió una amplia entrevista a EL PAIS en
su despacho. He aquí el diálogo.
Pregunta: El 11 de marzo de 2004, usted era responsable en la
CIA de Oriente Próximo y Sur de Asia. ¿Qué pensó cuando conoció la
noticia de los atentados en Madrid?
Respuesta: Primero de todo, no en ETA. He seguido
especialmente el terrorismo de ETA mientras era miembro del Centro
Contraterrorista. Y me hubiese sorprendido mucho que los ataques del
11-M fueran obra suya y mucho menos, claro, que hubiesen sido el
resultado de los yihadistas islámicos. Mire, yo trabajé en
contraterrorismo durante la mayor parte de los años noventa, actividad
del Centro Contraterrorista, donde fui responsable de análisis durante
varios años y director adjunto de todo el centro. Y el ataque de Madrid
no me sorprendió porque era exactamente el tipo de ataque yihadista
contra un objetivo occidental. No era un ataque necesariamente ordenado
por Osama Bin Laden o Ayman Al Zawahiri, desde una cueva del sur de
Asia, sino una expresión de lo que siempre ha sido un movimiento
descentralizado. Las razones para hacer de España en particular un
blanco tampoco me sorprendieron. El deseo del Gobierno de José María
Aznar de quedar bien con la Administración de Bush en Estados Unidos,
la guerra de Irak, fueron las razones, claro está, aunque también
pudieron influir razones históricas, como la pérdida de Al Andalus…
P: En algún momento pensó que los ataques podían ser el
producto de una colaboración entre el terrorismo fundamentalista
islámico y ETA?
R: No he visto ninguna evidencia de ello. Para mi los ataques tenían una clara filiación yihadista.
Nunca puedes excluir contactos entre las organizaciones terroristas,
pero no he tenido ninguna prueba sobre ello. En el sombrío mundo del
terrorismo internacional se puede llegar a afirmar que prácticamente
cada grupo terrorista puede ser vinculado a otro si se pone el esfuerzo
necesario a la hora de encontrar pruebas de contactos casuales,
experiencias. Incluso los datos más elementales y circunstanciales
pueden ser presentados como una prueba de una pretendida relación entre
grupos terroristas, ignorando la cuestión relevante de si un Estado
apoya a un determinado grupo terrorista y el hecho de que las
relaciones pueden ser competitivas, desconfiadas antes que de
colaboración. La Administración de Bush demostró una voracidad tremenda
en que se presentasen vínculos entre Sadam Husein y Al Qaeda y Bin
Laden. Pero no los había.
Guerra de Irak
P: Por qué existe resistencia a concluir que la
Administración de Bush mintió al pueblo norteamericano en las razones
de la guerra de Irak?
R: En lo que se refiere a las armas de destrucción masiva que
podía poseer Irak, había una percepción errónea generalizada en los
servicios de inteligencia de EE UU, el Reino Unido, y otros, de que
Irak poseía algunas de ellas. Estábamos equivocados. Y lo que dijeron
el presidente George W. Bush y el primer ministro británico Tony Blair
formó parte de ello. Ahora, otra cosa es cuando entras en el tema de
las conexiones terroristas entre Sadam Husein y Bin Laden cuando las
cosas, definitivamente, son flagrantes. Todavía me incómodo usando la
palabra mentira Estaría conforme con ella solo en referencia a una
afirmación concreta dicha por alguien que en el momento de decirla
sabía que era falsa. Y esto vale también para los argumentos en favor
de la guerra. No es tanto que tal o cual razón era equivocada. Es el
mensaje más amplio, el intento de transmitir la impresión de que había
una alianza terrorista entre Irak y Al Qaeda, lo que no era el caso. Y
tampoco es que la comunidad de inteligencia afirmaba la existencia de
esos lazos. Me he preguntado cientos de veces: ¿Es esto engañar? Sí, lo
es. ¿Es esto enviar un mensaje utilizando parcialmente lo que tus
expertos te han dicho? Sí. Supongo que bajo ciertas definiciones,
puedes llamar a esto una mentira. Yo preferiría usar esta palabra para
una afirmación precisa y concreta.
P: Lo que usted describe es una campaña organizada de manipulación del pueblo norteamericano ¿lo comparte?
R: Sí, por supuesto. Fue una campaña organizada de manipulación.
P: El vicepresidente Dick Cheney, por ejemplo, visitó muchas
veces el cuartel general de la CIA en Langley, Virginia, en busca de
datos para justificar lo que ya había decidido de antemano, ¿no?.
R: Sí. No estuve personalmente involucrado en estas
reuniones. Pero no tengo inconveniente en subrayar que esas reuniones
fueron relevantes. Altos cargos de la Administración volvían una y otra
vez a la comunidad de inteligencia y decían: "Miren esto otra vez,
busquen, tiene que haber más datos sobre la relación Irak y Al Qaeda".
Este era el negociado del vicepresidente Dick Cheney. No era que Cheney
u otros altos cargos te doblaban la mano y te decían "cambia tu punto
de vista". Cuando alguien de su nivel vuelve muchas veces a tus
oficinas y te sugiere que trabajes más, mirátelo una vez más, el
mensaje es clarísimo.
P: En el llamado memorándum de Downing Street, sede del
gobierno británico, se registra la reunión del 23 de julio de 2002 de
asesores y ministros con Tony Blair se dice que habiendo sido tomada la
decisión de ir a la guerra "la inteligencia y los hechos deben
arreglarse en relación con esa decisión". Eso fue casi un año antes de
la invasión de Irak, ¿Está de acuerdo?
R: Sí, claro, la decisión fue adoptada a primeros de 2002. Me
ha llamado la atención un documento filtrado recientemente en el que se
transcribe una reunión entre Bush y Blair el 31 de enero de 2003. Bush
dice allí que estaba pensando en enviar a Irak aviones norteamericanos
pintados con los colores de Naciones Unidas para ver si Sadam daba
orden de atacarles y así considerar que estaba en violación material de
las resoluciones para que el Consejo de Seguridad respaldara la guerra.
Esto me recordó que hace casi cuarenta y dos años, en agosto de 1964,
una manipulación de inteligencia en torno a un presunto ataque en el
Golfo de Tonkín fue utilizado por el presidente Lyndon B. Johnson para
justificar la escalada bélica en Vietnam. Pero, bueno, en lo esencial,
estos documentos británicos confirman que la decisión de ir a la guerra
se adoptó primero y que luego se buscó la justificación. La decisión no
dependía de las armas de destrucción masiva o de los resultados de la
inspección de Naciones Unidas. La decisión fue adoptada mucho antes por
otras razones. Una vez que el presidente Bush decidió que esa era la
opción elegida, fue su opción, todo debía encajar en ese objetivo. Los
datos de inteligencia sobre los programas de armas de destrucción
masiva de Irak no condujeron a Bush a adoptar la decisión de ir a la
guerra de Irak. Tanto en EE UU como en otros países existía la idea de
que la disuasión había funcionado en Irak y de que Sadam estaba
encajonado. y de que la mejor manera de solventar el tema de las armas
prohibidas era reforzar las inspecciones. El hecho de que la
Administración de Bush llegase a otra conclusión y desencadenara la
guerra es una prueba de que su decisión de derribar a Sadam se debió a
otras razones, a saber, la de remover estratégicamente los cimientos de
la estructura de Oriente Próximo, por las necesidades de Israel, por el
petróleo, por muchas razones. La Administración de Bush politizó los
servicios de inteligencia, pero le diría que lo más sorprendente para
mí es el poco relevante papel de la inteligencia en una de las
decisiones más importantes, la guerra de Irak, de EE UU en las últimas
décadas. Se usó la inteligencia para justificar una decisión tomada de
antemano. Creo que en el Reino Unido ha habido un debate mucho más
abierto que aquí. Tiene usted a Robin Cook [líder parlamentario del
Partido Laborista], que renunció a su puesto por el tema de Irak. Fue
él portavoz más elocuente de esa denuncia y usó exactamente los
términos, es decir, que hubo una decisión de ir a la guerra y luego la
inteligencia siguió a la política antes que al revés. Nunca tuvimos
aquí a una personalidad de la altura de Robin Cook diciendo esas cosas
en EE UU.
P: Pero, en tiempo real, ¿qué veía usted en el periodo anterior a la guerra?
R: Para mi era evidente que la Administración de Bush decidió
ir a la guerra a primeros de 2002. Y esta es la razón por la cual
tratamos de ofrecer nuestro punto de visto antes de que la guerra
comenzara sobre los probables desafíos que encontraríamos en Irak tras
la invasión. Y no porque nos hubieran preguntado sobre ello, sino
porque creíamos que tendríamos un verdadero lío caso de invadir.
Desgraciadamente hay que reconocer que lo que dijimos resultó muy
válido, habida cuenta del desastre que todos han podido ver después.
Tratamos de hacer nuestro trabajo lo mejor y útil posible dado que
nuestro Gobierno ya había adoptado una decisión.
P: En octubre de 2002, la CIA aportó la Estimación de
Inteligencia Nacional, que contiene todas las inexactitudes ya asumidas
respecto a Irak. ¿Influyó este informe en la Administración de Bush?
R:No, este informe fue solicitado por el Congreso, no por
Bush. En octubre de 2002, antes de votar la autorización para ir a la
guerra, muy pocos miembros del Congreso tuvieron la oportunidad de
leerse el documento entero antes de emitir su voto. Muy pocos. Solo
seis senadores y un pequeño grupo de representantes fueron más allá del
resumen e seis páginas. Cualquiera que hubiese leído la totalidad del
informe, y aún averiado como estaba, hubiera salido con una idea muy
ambigua. Las preguntas hubieran sido obvias.¿Estas son todas las
pruebas que tienen contra Irak?, era la pregunta más legítima. El mero
hecho de que el resumen que se tomó como el asunto fundamental se
llamaba "juicios clave" y no "hechos clave" fue ignorado. Y a fuerza de
repetir de manera selectiva y sesgada, una y otra vez, por parte de la
Administración de que existían vínculos entre Sadam y Al Qaeda, el
público terminó por creerse que Irak estaba detrás del 11-S.
P: La presentación del entonces secretario de Estado Colin
Powell en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ¿fue una pieza
esencial en la campaña de manipulación? ¿Por eso estaba allí junto a
Powell George Tenet, director de la CIA?
R: La presentación de Colin Powell fue el resultado de una prolongada presencia del secretario de Estado y su staff
en las oficinas de la CIA en Langley. Mucha gente se sintió perturbada
por esa imagen de Tenet junto a Powell en la ONU. Ese no es el papel
que se supone debe desempeñar el director de inteligencia. Tenet estaba
bajo fuerte presión y se sentía muy implicado con la Administración de
Bush. Aunque esa imagen en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
dio la vuelta al mundo, el objetivo de la presentación de Powell era
también convencer al pueblo norteamericano y al Congreso. El tema, por
tanto, es si era justo que el director de inteligencia, cuando todavía
era materia de debate en EE UU, se alineara de manera tan visible junto
a uno de los bandos de la discusión política. Es diferente para un
funcionario de inteligencia participar en un debate interno sobre la
guerra que apoyar a nuestros diplomáticos en la tarea de persuadir a
otros gobiernos para respaldarla. En cuanto a Powell, hay cosas en las
que si hubiese sido por él, no hubiera entrado a ellas por nada del
mundo...
P: ¿Como cuáles?
R: Estoy pensando en los temas de la guerra contra el
terror... Este fue sin duda el tema de mayor discrepancia entre lo que
la Administración de Bush declaraba y las pruebas y análisis de los
servicios de inteligencia. En ningún momento, nosotros aportamos
evidencias sobre la presunta alianza entre Irak y Al Qaeda. A la
Administración le interesaba porque era lo que más afectaba al público
norteamericano
y retrotraía las imágenes del 11-S. y la necesidad de dar una
respuesta a Irak. Creáme que alimentar el apetito de la Administración
por obtener material sobre esta inexistente alianza nos llevó mucho
tiempo y trabajo a los altos cargos de inteligencia y a los analistas
más veteranos de la CIA, lo que supuso abandonar otras actividades
antiterrroristas. Y como nosotros no les dimos lo que querían, la
Administración de Bush decidió formar un departamento especial en el
Pentágono, el Grupo de Evaluación de la Política Contraterrorista, que
dependía del subsecretario Douglas Feith. Esta unidad se dedicó a
encontrar posibles vínculos entre Sadam y Al Qaeda, y en algunas
presentaciones llegó a acusar a la CIA de haber fallado a la hora de
ver la pretendida alianza. Y ahora vayamos a Colin Powell. En ningún
momento quería mencionar el nombre de Al Zarqaui, por ejemplo, pero
estaba presionado con fuerza por
la oficina del vicepresidente Cheney, que le urgió a hablar de las
conexiones entre Sadam Husein y Al Qaeda. Y lo hizo en los últimos
minutos...Y si bien se mira no dijo nada relevante. No hay sombra de
evidencia sobre una alianza diferente de una coincidencia
circunstancial. Que Zarqaui estuviera en Irak no significaba nada que
comprometiera al régimen iraquí. En realidad, la información disponible
también daba cuenta de que los iraquíes se preguntaban por la
localización de Zarqaui, lo que claramente implicaba la ausencia de
relación entre ellos y Zarqaui. Todo formaba parte de esa campaña
organizada de manipulación: mencionas este pequeño hecho, subrayas este
otro y presentas una situación que busca crear la impresión general de
que existe una relación. Pero si miras exactamente lo que Powell dijo,
no vale para nada.... Algunos de mis compañeros, implicados en el tema
de las armas de destrucción masiva, trabajaron muy duro con Powell todo
el fin de semana previo. Yo no tuve que hacerlo. Pero supe lo que
estaba pasando, porque ese mismo fin de semana yo estaba trabajando y
ellos venían a mi despacho y me contaban las resistencias de Powell y
su equipo.
P: ¿Cuán importante es Al Zarqaui en la resistencia iraquí?
R: El retrato general del protagonismo de Zarqaui puede estar
exagerado. La Administración de Bush trata de explicar buena parte de
lo que pasa en Irak por la presencia de un terrorista cuyo nombre es
bastante conocido en lugar de reconocer que a la gente no le gusta la
ocupación militar extranjera, de que haya inseguridad y de que no
funcione la electricidad ni se pueda garantizar el suministro de agua.
Todos los motivos que nutren la insurgencia son subsumidos en la
violencia y el terrorismo brutal que corta cabezas de Al Zarqaui y que
clama contra la democracia. Es el gran enemigo que necesitamos tener. Y
en este sentido su figura es objeto de exageración. Dicho esto, no hay
duda de que Zarqaui es una figura importante que tiene una habilidad
organizativa como para que los iraquíes, en mayor medida que los
extranjeros, le apoyen.
‘Caso Plame’
P: El nombre de la agente secreta de la CIA fue filtrado por
la Administración de Bush después que su esposo, Joe Wilson, enviado
especial a Níger para averiguar si Irak había comprado uranio
enriquecido, desmintió la información de que Sadam tenía capacidad de
fabricar bombas nucleares. Usted también fue desacreditado. ¿Son los
métodos despiadados de la Administración Bush?
R: Sí es un patrón de conducta. La historia básica que el
fiscal especial, Patrick Fitzgerald, investiga es la siguiente: he aquí
alguien, el embajador Joe Wilson, que dice algunas cosas que van en
contra de lo que Administración de Bush está argumentando para sostener
la guerra. Y van y lo desacreditan filtrando el nombre de su mujer,
porque aseguran, fue ella quien le envió a Níger. Lo mismo me hicieron
a mí. Recuerdo que en 2004, durante la campaña de reelección de Bush,
las cosas parecían empezar a ir bien en Irak. Pero en agosto de ese
año, elaboramos en la CIA una nueva Estimación de Inteligencia
Nacional, el documento más extenso y profundo en nuestro trabajo.
P: ¿A petición de quien?
R: Bueno, he aquí otro ejemplo del papel irrelevante de la
inteligencia en el caso de Irak. En mi condición de funcionario
nacional de inteligencia a cargo de Oriente Próximo y por tanto
responsable de la información sobre Irak, la primera solicitud de
información por parte de la Administración de Bush para elaborar un
documento no tuvo lugar hasta un año después de iniciada la guerra. en
2004. Lo elaboramos y algunas de sus conclusiones se filtraron a la
prensa. No tengo idea de quien fue el autor de esa filtración. No fui
yo. Se mencionaban allí algunos escenarios. Entre ellos el peor era
éste: Irak podría estar en el umbral de una guerra civil en los
siguientes 18 meses, es decir, hasta finales de 2005. Si uno mira lo
que ha ocurrido, estábamos bastante en lo cierto. Mi nombre fue
asociado con este informe. Y la Administración de Bush que estaba en
los últimos dos meses de su campaña electoral intentó desacreditarme.
¿Y cuál fue el medio para hacerlo? El periodista Robert Novak, el mismo
que había revelado el nombre de la agente de la CIA Valerie Plame en
julio de 2003. Fue el 27 de septiembre de 2004 que Novak me nombró en
uno de sus artículos como el responsable del informe y como el probable
filtrador. La CIA, según decía, estaba desarrollando una insurgencia
contra la Casa Blanca. En el caso de Valerie Plame no había que prestar
atención a lo que su esposo Joe Wilson decía sobre el uso de
información falsa sobre las compras de uranio enriquecido por parte de
Irak para fabricar armas nucleares porque ella se había encargado de
enviarle a Níger. En otros términos, era una operación de nepotismo. La
misma historia, el mismo instrumento. He hablado un par de veces con
Wilson. Le he dicho que compartimos esta historia de haber sido el
blanco de Robert Novak. La mayoría de los funcionarios de inteligencia
saben que se enfrentarán al problema de ser utilizados. Pero el caso de
Valerie Plame va más allá. Porque se trata de destapar deliberadamente
la cobertura de un agente secreto como parte de un esfuerzo de
desacreditar a su marido supera todo lo conocido. Yo no conozco los
pasos concretos que se dieron en la CIA para enviar a Wilson a Níger.
Pero sabiendo como funcionan me puedo imaginar fácilmente cómo
ocurrieron las cosas. El vicepresidente Cheney solicitó a la CIA que
estudiara los datos para ver si había algún indicio de que Sadam quería
comprar uranio en Níger. La gente del departamento de
Contraproliferación de Armas Nucleares discutió qué hacer. Quizá se
podría enviar a alguien allí para averiguar. Quién podría estar en
condiciones de hacerlo. Entonces alguien dijo, bueno, está Joe Wilson,
el marido de Valerie Plame. Conoce al primer ministro de Níger y al
ministro de Minas. ¿Por qué no le enviamos a él? Debió ocurrir así.
Pero, vamos a ver: cómo se puede decir que es una muestra de nepotismo
enviar a alguien a Níger, ¡como si fuera un viaje de lujuria! ¡A Níger,
vamos!
P: Pero fue la CIA quien en octubre de 2002 pidió a Bush que
no mencionara en un discurso el tema de Níger y la presunta capacidad
nuclear de Irak, ¿por qué lo hizo después en el discurso sobre el
estado de la Unión, a finales de enero de 2003?
R: A primeros de octubre, la Administración nos dijo que
querían usar este tema. Pero les insistimos en que no había pruebas
serias y que era mejor no tocar el tema. A finales de enero, a medida
que el plazo de invasión se aproximaba, la Casa Blanca volvió con la
historia de Níger. Les dijimos otra vez que no lo hicieran porque
sabíamos que era una patraña. Entonces dijeron: bueno, vamos a usarlo
atribuyendo la fuente a los servicios del Reino Unido. Así fue.
P: Después del primer informe sobre los errores de los
servicios de inteligencia en Irak quedaba pendiente un documento del
Senado sobre la manipulación de la inteligencia por parte de la
Administración, ¿saldrá alguna vez?
R:No sé si este informe será finalmente elaborado. A mi me
han interrogado varias veces. Y nada. La Comisión que investigó los
errores de los servicios de inteligencia respecto a Irak señaló que no
había pruebas de que los analistas de la CIA hubiesen modificado sus
informes por presiones políticas. Al mismo tiempo dejó constancia de
que los analistas trabajaron en un contexto influenciado por un gran
interés de los políticos. Como le he dicho, yo fui llamado a declarar
al panel. Te preguntaban si te habían torcido el brazo, es decir, si la
Administración te había persuadido para informar sobre lo que deseaba.
Este método de investigación solo hubiera detectado los más groseros
intentos de politización. Y estos son más raros. Aunque es verdad que
han existido. El ex subsecretario de Estado y actual embajador de EEUU
ante Naciones Unidas, John Bolton, intentó sin éxito que la CIA
suscribiera su punto de vista de que Cuba y Siria poseían armas de
destrucción masiva. Pero es muy difícil que un analista reconozca ante
un panel que sus informes son politizados. Esto sería peor que admitir
errores en la valoración de los datos.
Alto el fuego de ETA
P: ¿Cómo ve usted ahora la decisión de alto el fuego permanente de ETA en España?
R: He visto la declaración del alto el fuego permanente de
ETA, sí. Es una declaración parecida a la del IRA irlandés. Más allá de
los posibles legítimos contactos que han precedido a esa declaración,
hay dos hechos que explican la nueva situación del terrorismo etarra.
La primera es la firmeza de la lucha policial y judicial contra la
banda terrorista durante los últimos años, lo que ha llevado a su
virtual derrota. Pero el otro hecho es la aparición del terrorismo
fundamentalista islámico, con el cual es imposible competir. En otros
términos, en estas nuevas circunstancias ya no es posible sostener las
acciones violentas como justificación de presuntos objetivos políticos.