Abril del 2006

Notas escépticas de un republicano

Por Onio - 28 de Abril, 2006, 10:59, Categoría: General

ANTONIO MUÑOZ MOLINA

EL PAÍS  -  Opinión - 24-04-2006

En España, país desmemoriado, se ha puesto de moda la memoria. Es una memoria singularmente selectiva: borra o desfigura la parte del pasado más cercana al presente y se remonta a una lejanía hasta hace poco no muy frecuentada, salvo por los aficionados a la historia y los historiadores profesionales, y por algunos novelistas que educamos nuestra imaginación en los relatos cautelosos sobre la República y la guerra que escuchamos de nuestros mayores en la infancia. La historia es un saber difícil que requiere largas investigaciones, ofrece muchas incertidumbres y da a veces amargas noticias. La memoria no se investiga, sólo se recupera, sin exigir mucha disciplina, incluso, muchas veces, con un propósito de afirmación personal o colectiva que nadie está autorizado a discutir, ya que la memoria, por definición, le pertenece al que la posee. La memoria, si no es vigilada por la razón, tiende a ser consoladora y terapéutica. Modificar los recuerdos personales para que se ajusten a los deseos del presente es una tarea legítima, aunque con frecuencia tóxica, a la que casi todos nosotros somos proclives.

Cuando la memoria se convierte en un simulacro colectivo su efecto empieza a ser más alarmante. Su primacía desaloja a la historia del debate público, porque la historia es mucho menos maleable, y con frecuencia puede desmentir las buenas noticias sobre el pasado que a todos nos gusta regalarnos. Al filtrarse a través del recuerdo, y también del olvido, el pasado se convierte en ficción y en materia novelesca. Pero a la novela no le exigimos fidelidad a los hechos privados o públicos que puedan haberla inspirado. La responsabilidad de la novela es estética y moral: la de los discursos públicos, casi como la de la ciencia, debería estar sujeta a las exigencias más severas del conocimiento.

Como novelista y como ciudadano, la negligencia o el silencio que durante muchos años envolvieron el recuerdo de la Segunda República, de la Guerra Civil y de la resistencia antifranquista me parecieron desoladores. La falta de conexión entre el presente iniciado en la transición y las tradiciones progresistas españolas que fueron interrumpidas por la guerra y sepultadas por el franquismo ha sido una de las debilidades mayores de nuestro sistema democrático: ha alimentado nuestro raquitismo cívico y nuestra profunda penuria cultural, así como una contumaz injusticia hacia quienes lucharon contra la dictadura o fueron víctimas de lo que Paul Preston ha llamado la "política de la venganza". Quienes ya éramos adultos a principios de los años ochenta sabemos que la razón de tanto olvido público no era el chantaje de una derecha franquista que siguiera vigilando desde la sombra. Desde 1982 el Partido Socialista gobernaba con mayoría absoluta, y sus dirigentes, empeñados en la tarea necesaria de modernizar plenamente el país, optaron por ocuparse más del futuro que del pasado, con un entusiasmo en el que había una parte de arrojo verdadero y otra de frivolidad y cosmética. De pronto la épica de la resistencia se había quedado antigua, tan obsoleta como las barbas y como las chaquetas de pana. Cambios verdaderos y profundos sucedían mientras tanto, pero muchos nos sentimos agraviados en aquellos años por la amnesia atolondrada de los que mandaban, por la falta de escrúpulos y una propensión al favoritismo y al descuido de la moral pública que habrían de acabar en los escándalos de corrupción de los primeros años noventa.

La historia proscrita por el franquismo fue una historia simplemente abandonada por la democracia. Abandonada por el Estado central y sustituida por mitologías más o menos lunáticas en los sistemas educativos de los gobiernos autónomos, consagrado cada uno a la tarea de inventar pasados gloriosos que fatalmente acabarían malogrados por una pérfida invasión española. La mezcla de la pedagogía posmoderna y del nacionalismo identitario pueden conducir a resultados pintorescos o alarmantes, a una confusa aleación de ignorancia y adoctrinamiento muy peligrosa para la vida civil pero muy útil para la demagogia política.

A algunos nos parecía que el estudio atento de la República y de la Guerra Civil era a la vez una reparación parcial de las injusticias del olvido y una búsqueda de esos valores sustantivos cuya debilidad resultaba tan dañina para nuestro sistema democrático. Al leer obsesivamente libros sobre entonces -los diarios de Azaña, las memorias de Barea, las novelas de Max Aub, los estudios de Hugh Thomas o de Jackson, la sobrecogedora historia oral de Ronald Fraser- revivíamos una y otra vez un drama que no nos apasionaba ni nos hacía sufrir menos porque conociéramos de sobra su triste final. Nos indignaba el escándalo de la indiferencia de las democracias hacia la suerte de la República española, el modo en que aceptaron sacrificarla queriendo apaciguar a Hitler. Pero también nos producía un íntimo dolor, semejante a una derrota personal, la incapacidad de las fuerzas políticas del bando leal para unirse eficazmente contra el enemigo común. Al cobrar conciencia política en los últimos años de la dictadura, sentíamos una nostalgia doble del porvenir y del pasado, del mañana en el que podríamos respirar y vivir en libertad y del lejano ayer en el que la libertad existió brevemente. Igual que saltábamos sobre la cultura del pasado inmediato para vincularnos a una tradición de heroica modernidad literaria y estética que interrumpió la guerra y dispersó el exilio, queríamos buscar nuestra legitimidad política en aquella República que era el reverso exacto del régimen siniestro en el que habíamos crecido. Por eso había un fondo de desconsuelo al ver que la democracia restaurada no se esforzaba demasiado en honrar a los perseguidos, a los silenciados, a los encarcelados y asesinados por el franquismo, a los que salieron de España al final de la guerra y continuaron combatiendo al nazismo en Europa, a los cautivos y supervivientes de los campos alemanes. Hubiéramos querido que se les hiciera justicia mientras estaban vivos, y también que los valores que ellos defendieron tuviesen más presencia en la política española: un sentido de la austeridad y la decencia, de la ciudadanía solidaria y responsable, una vocación franca de justicia social, un amor exigente por la instrucción pública, un verdadero laicismo, un respeto a la ley entendida como expresión de la soberanía popular.

No es eso lo que hemos visto tanto como habría sido necesario, y si no lo hemos visto no ha sido por la presión de una derecha torva y de vocación autoritaria o por la existencia de un rey. Pero a pesar de esas deficiencias -de las cuales los únicos responsables son la clase política y la ciudadanía, cada uno en su escala de acción- en 30 años España ha cambiado tan prodigiosamente que ni siquiera los que hemos vivido este tránsito somos capaces de comprender su magnitud y su calado. Nos hace falta el testimonio deslumbrado de quienes nos han visto desde fuera, y no hemos sido capaces de hacer conscientes a nuestros hijos de la novedad y la fragilidad de lo que nosotros no tuvimos y ellos dan casi desganada o despectivamente por supuesto. Hemos pasado de la dictadura a la democracia, del centralismo al federalismo, del tercer mundo al primer mundo, del aislamiento internacional a la plena ciudadanía europea. Nos hemos dado un sistema educativo y sanitario públicos que con todas sus deficiencias sólo puede valorar quien ha viajado algo por el mundo y sabe lo que significa que la salud y la escuela sólo sean accesibles a quien puede pagarlas. Y sin embargo nadie o casi nadie siente lealtad hacia el sistema constitucional que ha hecho posibles tales cambios, y en lugar de compartir una concordia basada en la evidencia de lo que hemos podido construir entre todos nos entregamos a una furia política en la que cada cuál parece guiado por un propósito de máxima confrontación.

En una pelea de baja ley cualquier objeto puede convertirse en un arma arrojadiza: la más reciente, en España, es la memoria, la República olvidada que de pronto regresa a las primeras páginas, la Guerra Civil que se usurpa a los historiadores y al recuerdo doloroso de quienes la sufrieron para desfigurarla a la medida de los intereses políticos de unos y otros y a la voluntad de cizaña de los enemigos más descarados de la democracia. Para quienes hemos pasado muchos años no queriendo aceptar la obligación del olvido es alentadora la idea de que de pronto tantas personas coincidan en el recuerdo de un tiempo decisivo de la historia de España: pero no deja de ser llamativo que el recuerdo llegue tan tarde, y que coincida tan oportunamente con una nueva amnesia -ahora, sobre la transición- y con diversos proyectos de desmantelar el sistema político fundado por la Constitución de 1978.

Cada uno tiene sus lealtades íntimas y sus nostalgias personales, y para muchos de nosotros el 14 de abril y la bandera tricolor, el coraje republicano de Antonio Machado, el patriotismo cívico y sereno de los diarios de Manuel Azaña, mantienen un resplandor indeleble, vinculado a nuestros sueños juveniles de libertad y a nuestros más firmes ideales del presente. Pero la lealtad sentimental no debería cegarnos, precisamente porque entre los valores republicanos más altos está la primacía de la racionalidad sobre el delirio romántico. Y hace falta mucho cinismo intelectual, mucha malevolencia, para empujar al campo de los añorantes del franquismo a quienes no se dejan llevar por esta oleada entre dulzona e interesada de memoria nostálgica y prefieren no olvidar lo que han aprendido en los libros de Historia y en los testimonios de quienes vivieron de cerca aquel tiempo. En los diarios del tiempo de la guerra, en esa desolada obra maestra de la literatura en español que es La velada en Benicarló, Manuel Azaña cuenta su amargura ante el sectarismo, la incompetencia y la deslealtad a la República de muchos de los que deberían haberla defendido. En el desmoronamiento del Estado que sobrevino tras la intentona militar del 18 de julio, cada fuerza política o sindical, cada gobierno autónomo se entregó con ceguera suicida a la persecución de sus propios intereses, como si la guerra, más que una crisis terrible que los amenazara a todos por igual, fuese una oportunidad de oro para alcanzar fines -la independencia, la revolución, el comunismo libertario, etcétera- que nada tenían que ver con la legalidad republicana. Leyendo a los historiadores y a los memorialistas más eminentes, uno tiene la sensación de que la República, en un cierto momento de la guerra, no tenía más defensores sinceros que Manuel Azaña, Juan Negrín, el general Vicente Rojo y Max Aub.

No creo que sea de ese sectarismo insensato del que se tiene nostalgia, ni que en aquella tentativa breve y maltratada de democracia hubiese algo de lo que no disfrutemos ahora. Ni una sola de las libertades que afirmaba la Constitución de 1931 está ausente de la de 1978, del mismo modo que las valerosas iniciativas de justicia social, educación e igualdad de aquel régimen no pueden compararse, por la enorme diferencia de los tiempos históricos, con los progresos del Estado de bienestar que disfrutamos ahora. ¿Fueron entonces más iguales las mujeres y los hombres? ¿Hubo mejor protección para los parados, recibieron mejor atención pública los enfermos? ¿Estuvieron más respetadas las minorías? ¿Fue más autónoma Cataluña con el estatuto de 1932 que con el de 1980? ¿Podemos excluir de nuestra genealogía democrática a Adolfo Suárez o al general Gutiérrez Mellado, que tan gallardamente se mantuvieron en pie frente a la zafia agresión de los golpistas del 23 de febrero de 1981?

Parecen preguntas idiotas, pero es necesario formularlas, al menos para deslindar el reconocimiento histórico de las mejores iniciativas de entonces de esa nostalgia gaseosa que se va volviendo más densa cada día y no nos deja ver los secos perfiles de lo que ocurre ahora mismo, las señales de alarma que deberían empezar a inquietarnos. Algo distingue -o distinguía al menos hasta hace poco- a la mayor parte de los discursos políticos surgidos del 78 sobre los del 31: la idea de que el adversario no es necesariamente el enemigo, y de que por encima de las discrepancias más radicales está la fidelidad a unos cuantos principios comunes que son el entramado básico de la democracia. En 1931 España era un país de terribles diferencias sociales, en una Europa desgarrada por la crisis económica y los fanatismos políticos. En una época en la que tan rara era la templanza, puede ser comprensible -aunque no deje de ser lamentable- que con tanta frecuencia los discursos políticos derivaran hacia un pavoroso extremismo. Pero si estos tiempos son tan visiblemente otros, ¿de dónde nace la furia verbal que uno observa ahora en España, y que lo golpea a uno como un puñetazo al conectar la radio o mirar los titulares de un periódico, la voluntad desatada y al parecer casi unánime de eliminar cada uno de los espacios de concordia en los que se han basado estos treinta años de democracia y progreso? ¿Tenemos que seguir eligiendo entre lamentar el asesinato del teniente Castillo o el de José Calvo Sotelo, entre callar la matanza de la plaza de toros de Badajoz o la de la Cárcel Modelo de Madrid?

Manuel Azaña imaginó un patriotismo basado "en las zonas templadas del espíritu". Una manera de conmemorar ese deseo es vindicar los modestos ideales que lo hacen posible: defender la instrucción pública y no la ignorancia, el respeto a la ley frente a los mangoneos de los sinvergüenzas y los abusos de los criminales, el acuerdo cívico y el pluralismo democrático por encima de los lazos de la sangre o la tribu, la soberanía y la responsabilidad personal y no la sumisión al grupo o la impunidad de los que se fortifican en él. Estos son mis ideales republicanos: espero que se me permita no incluir entre ellos la insensata voluntad de expulsar al adversario de la comunidad democrática ni el viejo y renovado hábito de repetir consignas en vez de manejar razones y acusar de traición a quien se atreve a disentir de la ortodoxia establecida, o a no seguir la moda ideológica del momento.

Antonio Muñoz Molina es escritor.

Lo que comen los famosos

Por Onio - 27 de Abril, 2006, 0:34, Categoría: General

La versión mordaz del mundo de la cocina de un periodista convertido en gastrónomo

A.COULLAUT  -  Madrid
ELPAIS.es - 26-04-2006 - 20:40

Título: gastrónomo furioso
Creado en: Noviembre 2004
CMS: Blogger
Temática: Cocina
La Frase: ¡No....no me ha subido la maldita masa!

A Frank Sinatra le gustaba comer 24 langostinos grandes helados, Prince se decanta por cuatro limones, té y hierbas y Brytney Spears se alimenta con bolsas de Doritos cool ranch. El arroz con leche no es asturiano sino que lo trajeron los árabes de la India y el restaurador y tres estrellas michelín Martín Berasategui escribe rabiolis en vez de raviolis. En el blog Gastrónomo Furioso la ironía sustituye a las recetas.

Detrás de este blog se esconde un periodista y un cocinero que prefiere permanecer en secreto. "Soy bastante perro a la hora de ponerme a escribir en el blog, algunas veces me paso un mes sin actualizarlo. Escribo cuando tengo algo que contar y tengo tiempo". Gastrónomo furioso cuenta divertido que : "no sé cómo se me ocurrió escribir el blog. Los demás que hay de gastronomía me parecen muy buenos aunque echaba de menos alguno que hablase de más cosas que de recetas. Intento darle una vuelta a la cocina, voy por otro lado y escribo con mala leche e ironía. A la gente le gusta que le chinches y por eso cuando escribes que el pan tumaca no es catalán se arma".

Fue periodista antes que cocinero, ha trabajado con grandes chefs españoles y señala que, al igual que en el periodismo, "el mundo de la cocina es bastante exigente, hay mucha explotación y canallesca. Aunque un error en un artículo se nota pero un fallo en un restaurante de, por ejemplo, Ferrán Adriá, significa mucho más".

Un mundo sacrificado en el que muchos jóvenes abandonan muy pronto y unos pocos se hacen famosos. "Abrir un restaurante es una pesadilla, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Es un mundo muy complicado y el boom ha llegado con el efecto mediático. Primero el programa de José Andrés, después el otro en Tele 5, Cuatro ha lanzado dos programas…", explica el blogger que añade que "hay mucho divismo en la cocina. A los grandes ya se les ha olvidado empuñar un cuchillo y cortar cebolla, reciben muchos estímulos, van de un lado a otro y cocinan menos. Pero es normal porque se lo han ganado".

¿Y dónde están las mujeres? "Hay muchas trabajando a la sombra. No están reconocidas aunque todos los grandes cocineros hacen referencia a sus madres. No se les reconoce nada. A Simone Ortega, por ejemplo, en Francia se le ha concedido una medalla al mérito. Allí los cocineros tienen calles, aquí programas televisivos. Ellos cuidan la cultura gastronómica, nosotros no y hay mucho machismo".

Al autor de Gastrónomo Furioso le fascina "el mundo de la panadería" y prefiere unos macarrones con tomate y chorizo antes que la nouvelle cuisine . En la Red, consulta otros blogs de cocina aunque afirma que funcionan más los foros. "A la gente le encanta discutir de cocina, hay un foro de cocineras que se llama el cafecito que es buenísimo". Su blog se lo recomienda a los que quieran leer "una versión diferente del mundo de la cocina". Aunque avisa: "no lo actualizo todos los días".

El cartel de la película «El Código Da Vinci», censurado en la fachada de una iglesia

Por Onio - 27 de Abril, 2006, 0:24, Categoría: General

Tengo que decir que ni Dan Brown ni su Código son santos de mi devoción. Pero, me pregunto si no está siendo la Iglesia muy torpe censurando la película basada en el Código da Vinci. En el mejor de los casos, estas actitudes intolerantes no dejan a la Iglesia en buen lugar sin necesidad de acudir a ninguno de los "argumentos" de la novela.

ABC

Un santuario natural en la zona prohibida de Chernóbil

Por Onio - 20 de Abril, 2006, 7:14, Categoría: General

Las especies animales proliferan en el área abandonada por el ser humano tras la explosión de la central nuclear

ELPAIS.es  -  Madrid
ELPAIS.es  -  Sociedad - 20-04-2006 - 10:40

La explosión de la central nuclear de Chernóbil(Ucrania) obligó a evacuar a 350.000 personas de un área de 155.000 kilómetros cuadrados. De eso hace 20 años, y todavía hay una zona de exclusión alrededor de la instalación en la que la vida humana es imposible. Y sin embargo, ese lugar se ha convertido en un santuario natural en el que florecen especies animales de todo tipo.

En la madrugada del 26 de abril de 1986, los operarios de la central llevaron a cabo una prueba de seguridad que, por culpa de una serie de errores humanos y técnicos, terminó volando uno de sus cuatro reactores. La explosión liberó a la atmósfera 200 toneladas de material nuclear, generando una radiación equivalente a la de 500 bombas atómicas como la de Hiroshima. Naciones Unidas calcula que 59 personas murieron por la radiación, aunque eleva la cifra final de fallecidos a causa de la radiación hasta 9.000. La ONG Greenpeace es más pesimista; cree que, en los próximos 15 años, serán hasta 67.000 las víctimas mortales de Chernóbil.

El sarcófago

Tras la explosión cerca de 350.000 tuvieron que ser evacuadas en un área de 155.000 kilómetros cuadrados alrededor de la central. Sin embargo, se estima que entre cinco y ocho millones de personas siguen viviendo en territorios contaminados de Ucrania y dos países limítrofes, Rusia y Bielorrusia. La central siguió en funcionamiento hasta el año 2000. El reactor accidentado fue cubierto con un sarcófago de hormigón.

Alrededor de la central hay ahora una zona de exclusión en la que los altos niveles de radiación hacen imposible la vida humana. En esa área siguen en pie ciudades enteras abandonadas a medio vivir, con platos colocados sobre la mesa o libros de texto abiertos en las escuelas. Los seres humanos han abandonado esa zona, pero no así la vida: los alrededores de Chernóbil son una reserva natural repleta de animales.

El Bosque Rojo

Los que ya había se han multiplicado, pero además han llegado especies que no se veían desde hace décadas, como el lince y el búho real. Incluso se han descubierto pisadas de osos, un animal que no se aventura por esos parajes desde hace siglos. “Los animales no parecen sentir la radiación y han ocupado ese área pese a sus condiciones”, ha declarado el científico Sergey Gaschak a la radiotelevisión pública británica. “Muchos animales han anidado dentro del sarcófago: estorninos, palomas, golondrinas”, ha añadido. La población de jabalíes se ha disparado, así como la de lobos.

Es una zona radioactiva, sí, pero sin hombres, sin herbicidas, sin pesticidas, sin industria, sin tráfico y con todos sus recursos naturales intactos. En el momento de la explosión, cuatro kilómetros cuadrados de pinares alrededor de la central se tornaron marrones de un golpe y murieron (el ahora bautizado como Bosque Rojo). Los animales en el área murieron o dejaron de reproducirse: los embriones de ratos se disolvieron; los caballos murieron con el tiroides desintegrado. Y sin embargo, la siguiente generación ha nacido aparentemente sin secuelas. Ahora las vacas allí suelen ser radiactivas (demasiado para que el ser humano se las coma), pero por lo demás parecen sorprendentemente normales.

La población de alces se ha disparado, y hay signos de que parecen haberse adaptado a las difíciles condiciones y viven tanto como aquellos que pueblan áreas sin radiación. Sin embargo, no todos tienen la misma suerte: los animales que vagan por áreas extensas sufren menos que aquellos que apenas se mueven de un mismo lugar. Además, se han registrado mutaciones del ADN de estos animales, aunque ninguna ha afectado a su fisiología o su capacidad de reproducción. No hay caballos de dos cabezas, pero sí cada vez más zorros, tejones, castores, ciervos, liebres, nutrias, mapaches...

Un superordenador realiza la más precisa simulación informática de los «agujeros negros»

Por Onio - 19 de Abril, 2006, 3:00, Categoría: General


 

ABC, Miércoles 19 de enero

MADRID. Investigadores de la NASA han alcanzado un nuevo hito en supercomputación con el que ha sido posible reconstruir cómo se comportan y qué apariencia tienen las ondas gravitatorias que emiten los «agujeros negros», los objetos cósmicos más enigmáticos del Universo. Estos objetos supermasivos tienen campos gravitatorios tan potentes que engullen toda la materia que les circunda en el cosmos. Ni siquiera la energía lumínica de esos objetos puede escapar a la fuerza de gravedad que generan, hasta el punto que resultan invisibles para los telescopios espaciales y terrestres. De ahí el nombre de «agujero negro».

Para intentar desentrañar la naturaleza de estos misteriosos objetos, científicos del Goddard Space Flight Center utilizaron una nueva forma de trasladar las ecuaciones de Albert Einstein al lenguaje informático, de forma que fuese posible descifrar de qué manera se propagan las ondas gravitatorias cuando colisionan dos «agujeros negros» masivos. Otros equipos de investigadores habían intentado ese mismo objetivo, pero fracasaron en su intento. La NASA anunció ayer que, con ayuda de su más potente superordenador, este equipo sí ha logrado con éxito culminar su simulación informática.

Las ondas gravitatorias de los «agujeros negros» no han podido ser detectadas hasta ahora por los científicos porque apenas interactúan con la materia, de forma que pueden penetrar el polvo y gas que enmascara a estos objetos supermasivos. Debido a estas grandes dificultades, los astrofísicos han depositado sus esperanzas en el potencial de la supercomputación para conocer mejor los «agujeros negros».

Inteligencia colectiva: ¿La aprovecha su página web?

Por Onio - 18 de Abril, 2006, 15:23, Categoría: General

NEW THINKING
TRIBUNA: GERRY MCGOVERN

La inteligencia colectiva será una ventaja competitiva clave en el siglo XXI. Nunca antes ha habido un medio mejor que la Red para aprovechar la inteligencia colectiva.

GERRY MCGOVERN
ELPAIS.es - 18-04-2006 - 17:42

El primer artículo que publiqué en New Thinking, el 24 de junio de 1996, trataba sobre el potencial de la inteligencia colectiva. Internet permite a los clientes (y a otros grupos a menudo dispares) organizarse y hacer que su voz se escuche de forma conjunta y potente.

The Wisdom of Crowds, de James Surowiecki, es uno de los libros más inspiradores que he leído en los últimos diez años. Articula la “gran idea” de Internet y de un gran cambio en la sociedad moderna.

La sociedad ha crecido. Podemos pensar por nosotros mismos, y así lo hacemos. Los expertos desempeñan un papel muy importante, pero ya no son incuestionables. Estamos superando el fundamentalismo. El médico, el policía, el profesor, el político, el cura, el vendedor de coches... ya no están por encima de la duda.

Ese es el motivo de la reacción de los fundamentalistas que quedan. No pueden soportar la idea de una sociedad que piense por si misma.

¿La muchedumbre puede tomar decisiones acertadas? Según Surowiecki, sí. Y en las circunstancias adecuadas, puede ser más sabia que cualquier experto. Surowiecki aporta numerosos ejemplos fascinantes en los que la inteligencia colectiva demostró ser más acertada que las opiniones individuales de los expertos.

El ejemplo más conocido de la sabiduría de las muchedumbres es la democracia. El libro de Surowiecki comienza en 1906, con un viaje a la feria rural de Plymouth del científico británico Francis Galton. “La reproducción preocupaba a Galton, porque creía que sólo unas cuantas personas tenían las características necesarias para que la sociedad se mantuviese saludable” escribe Surowiecki. Así que Galton no era un gran fan de la democracia.

Galton presenció un concurso para calcular el peso de un buey. Participaron unas 800 personas. “Era un grupo muy variado”, igual que la democracia, y Galton pensó que podía probar lo estúpida que es la muchedumbre. Pidió las papeletas del concurso a los organizadores e hizo un promedio de los resultados. El peso medio que se calculó fue de 1,197 libras. El peso real del buey era de 1,198 libras.

Por supuesto que las muchedumbres no son siempre sabias. Usted no pide que se haga una votación para saber qué hacer si su casa se está quemando. No pide una votación cada vez que tiene un problema. La inteligencia colectiva tampoco es pensamiento en grupo. No se trata de juntar a un grupo de personas en una habitación y pedirles que lleguen a una conclusión. En tales situaciones, se suele acabar con una decisión muy influida por las figuras más dominantes en la habitación.

El truco de la inteligencia colectiva parece estar en tomar una muestra representativa de personas para que tomen decisiones independientes sobre una pregunta dada y analizar los resultados. ¿Y qué tiene que ver todo esto con su página web? Piense en Google, Ebay y Amazon. Todos ellos aprovechan la inteligencia colectiva al reunir y promediar las valoraciones que los lectores hacen de los libros, las opiniones de los compradores y los enlaces externos.

Por primera vez, Internet nos permite usar la inteligencia colectiva en una escala potencialmente masiva y de un modo altamente eficaz en costes. Aprovechar la inteligencia colectiva tiene muchas ventajas. Nos acerca a nuestros clientes y mejora su confianza, puesto que los clientes tienden a ver las páginas web como representantes fidedignos del punto de vista de otros clientes.

(Traducido por Snap Comunicación)

Pekín 'bombardeará' las nubes para limpiar de arena el cielo de la ciudad

Por Onio - 18 de Abril, 2006, 10:53, Categoría: General

Una tormenta de polvo procedente del desierto de Gobi cubre desde ayer la capital china

EFE  -  Pekín
ELPAIS.es  -  Internacional - 18-04-2006 - 14:49
La nube de polvo cubre vastas zonas de Pekín.
La nube de polvo cubre vastas zonas de Pekín. (EFE)


Pekín se encuentra cubierta desde ayer por una capa de arena amarillenta procedente del desierto de Gobi. Para despojar a la capital china de ese incómodo manto dorado, la Oficina Central de Meteorología ha anunciado que "bombardeará" las nubes que cubren la ciudad con yoduro de plata y otras sustancias para que reaccionen al vapor y llueva artificialmente, según ha informado hoy la televisión oficial CCTV.

Esta tormenta de arena, la peor de este año en la ciudad, plantea un grave problema a las autoridades de Pekin, que ven cómo sus promesas de una ciudad verde de cara a los Juegos Olímpicos de 2008 quedan en entredicho debido a la polución y la desertización. Este tipo de fenómenos son habituales en la primavera pequinesa, pero han cobrado una fuerza inusitada este año.

Pese a todos los esfuerzos que se están llevando a cabo en la capital china, en los primeros tres meses y medio de este año se han registrado solamente 56 días con cielo azul y buenas condiciones atmosféricas, 16 menos que el pasado año en el mismo periodo, lejos de las pretensiones de las autoridades.

El Ayuntamiento de Pekín ha prometido que "bombardeará" las nubes en los días previos al comienzo de los Juegos Olímpicos para garantizar que no llueva durante la ceremonia de apertura de la cita deportiva, el 8 de agosto de 2008.

El bombardeo de nubes para causar la lluvia artificial, con cañones o desde aviones, se utiliza mucho en China tanto en tiempos de sequía como para intentar ayudar en la extinción de incendios, aunque no siempre se logran los resultados esperados. En el verano de 2005 se atribuyó al bombardeo de nubes las fuertes granizadas que cayeron sobre Pekín y que ocasionaron cuantiosos daños materiales en la ciudad.

El centro de las tormentas de arena de esta semana se encuentra en la frontera entre China y Mongolia, a unos 500 kilómetros al norte de Pekín, pero afecta a un radio de cientos de kilómetros a la redonda e incluso se han registrado niveles altos de concentración de arena en el aire en el norte y oeste de Japón.

'Guerra aérea' contra una polilla voraz

Las autoridades chinas también recurrirán a la guerra aérea para eliminar una especie de polilla voraz y otras plagas que amenazan los Juegos Olímpicos de 2008 y gran parte de las cosechas del norte del país, según la prensa local.

Aviones de fabricación china, los Yun-5, realizarán un millar de vuelos para bombardear aquellas zonas, fundamentalmente Pekín, Tianjin y la provincia vecina de Hebei, en las que se oculta este intruso insecto migratorio procedente de América del Norte: la Hyphantria cunea. La plaga ha devorado ya las hojas de 50.000 árboles.

Pekín reconoció hace dos semanas este problema y ordenó que se hiciera un examen árbol a árbol para combatir a un insecto que se detectó en China por primera vez en 1979 y que es capaz de poner de 2.000 a 3.000 huevos al mes.

Listado de aplicaciones web 2.0

Por Onio - 17 de Abril, 2006, 12:56, Categoría: General

Marruecos

Por Onio - 17 de Abril, 2006, 10:48, Categoría: General

¡Hola a tod@s de nuevo!
Vuelvo hoy a la dura realidad del trabajo cotidiano después de 10 días de vacaciones que he repartido en dos mitades:

  • Los primeros cinco días he viajado por primera vez a Marruecos y vengo realmente impresionado. ¿Cómo resumir tantas sensaciones? Juventud, color, sabores, olores, amabilidad, hospitalidad, ciudades laberínticas, edad media, miles de niños, pobreza,... Aquí tenéis algunas fotos, espero vuestros comentarios.
  • Los cinco segundos días me he sumergido en el mundo de las torrijas, los pellizcones, los pestiños, las cofradías de Olivares, la fideguá de Carlota.
Espero volver a publicar algunos post de interés en breve.

El azul de Mab

Por Onio - 7 de Abril, 2006, 10:30, Categoría: Recursos Web

Un estudio determina que uno de los anillos recientemente descubiertos alrededor de Urano es "azul intenso", el segundo caso en el Sistema Solar

AGENCIAS  -  Madrid / Washington
ELPAIS.es  -  Sociedad - 07-04-2006 - 01:52

El séptimo planeta desde el Sol, Urano, tiene un anillo de color "azul intenso" compuesto de polvo microscópico, según publica esta semana la revista Science, que recoge un informe sobre las investigaciones que han llevado a cabo un grupo de astrónomos de la Universidad de California en Berkeley (EE UU). El color azul del anillo se debe probablemente a que una pequeña luna, llamada Mab, orbita dentro del anillo.

Se trata del segundo caso en todo el Sistema Solar de un planeta con un anillo de ese color. El primero es uno de los anillos de Saturno. Las investigaciones han determinado que de los dos anillos recientemente descubiertos alrededor de Urano uno es el azul y el otro es rojo.

El anillo interior de Urano, identificado como R2, es rojo y el exterior, R1, es "azul intenso" debido a que está formado por diminutas partículas que reflejan ese color, señalan en el informe los astrónomos de la Universidad de California y del Instituto de Ciencias Espaciales. Ambos anillos fueron descubiertos mediante observaciones llevadas a cabo a través del telescopio espacial Hubble y el telescopio Keck, en Hawai. Urano, que tiene un diámetro cuatro veces superior al de la Tierra y es el séptimo planeta desde el Sol, está circundado por 13 anillos.

Capa de hielo

Según los astrónomos, el anillo azul de Urano es "notablemente parecido" al anillo externo de Saturno, el cual fue probablemente generado por Enceladus, una de las lunas del planeta. Además, también como el de Saturno, este anillo tiene una luna llamada Mab, la cual está cubierta probablemente por una espesa capa de hielo como las demás lunas de Urano, según Imke de Pater, profesor de astronomía de la Universidad de California.

La mayoría de los anillos de los planetas del Sistema Solar tiene una tonalidad roja debido al mayor tamaño de las partículas que los forman. Los astrónomos creen que esa fue la razón principal por la que tardaron tanto en descubrir el anillo exterior. Estaban buscando solamente un reflejo del rojo en el espectro y no pensaron que sería azul.

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